Billar (pool) la historia

Billar (pool) la historia

Billar (Pool): Una Travesía a Través del Tiempo y la Cultura

Ese juego que se juega en una mesa con bolas y un taco, es una práctica que ha dejado su huella en la sociedad desde finales del siglo XVIII en Filadelfia, marcando el inicio de una travesía fascinante a través del tiempo y la cultura.

El término “pool”, que ha llegado a ser sinónimo de ciertas variantes del billar, tiene sus raíces en el hecho de que las salas de apuestas en las que la gente se congregaba para apostar en carreras de caballos decidieron poner mesas de billar para ofrecer entretenimiento a los clientes mientras esperaban los resultados. Así, las salas se convirtieron en lugares populares, y el juego adoptó el nombre de “pool”.

A lo largo del siglo XIX, se convirtió en una actividad que trascendió las barreras sociales en Filadelfia. Los miembros adinerados de la sociedad disfrutaban del juego en clubes exclusivos para hombres, mientras que los trabajadores lo practicaban en tabernas y salones. El interés creció tanto que en 1858 se celebró el primer campeonato informal de billar estadounidense en la ciudad.

La popularidad continuó en aumento, y en la década de 1930, Filadelfia albergaba más de 200 salas de billar. La ciudad se convirtió en un epicentro para los campeonatos nacionales, y jugadores de renombre nacional, como Willie Mosconi, contribuyeron a consolidar la posición de Filadelfia en el mapa del billar estadounidense.

El origen exacto es un misterio que se pierde en el tiempo, pero se estima que el juego se originó en Francia o Inglaterra en el siglo XV. En 1470, el rey Luis XI de Francia ya tenía una mesa de billar. La referencia de Shakespeare al billar en “Antonio y Cleopatra” sugiere que, para principios del siglo XVII, el juego era lo suficientemente común como para ser comprendido por la audiencia.

El encontró su camino hacia América de la mano tanto de los ingleses como de los españoles. Documentos históricos indican que ya se jugaba en Virginia en 1710 y en Nueva Orleans en 1723. Incluso George Washington participó en partidas de billar con el Marqués de Lafayette en 1777.

billar

Legado y Significado Cultural 

El billar no es simplemente un juego de bolas y tacos; es un fenómeno cultural que ha transcendido épocas y fronteras geográficas. Su evolución desde las salas de apuestas de Filadelfia hasta los campeonatos nacionales refleja una historia rica y diversa.

La adopción del término “pool” como sinónimo de ciertas variantes de billar destaca cómo el juego se arraiga en la cultura y se adapta a las circunstancias. Las salas de billar, convertidas en centros sociales, se convirtieron en testigos de la pasión y la habilidad de jugadores de todos los estratos sociales.

Se ha convertido en un símbolo de encuentro y competencia, donde estrategias se entrelazan con la destreza manual y la anticipación. La historia de Filadelfia como epicentro del billar estadounidense resuena como un testimonio de cómo un simple juego puede tejerse en el tejido cultural de una ciudad.

En cuanto al origen , las referencias históricas dispersas sugieren una procedencia en las cortes europeas, donde la nobleza disfrutaba de juegos de salón. La expansión hacia América revela cómo el billar no solo cruzó océanos, sino que también trascendió barreras sociales y se convirtió en una actividad apreciada por figuras prominentes como George Washington.

Conclusión: Más Allá de las Bolas y los Tacos

En conclusión, el billar no es solo un juego de bolas sobre una mesa; es un vínculo que une generaciones, comunidades y culturas. Desde las salas de apuestas de Filadelfia hasta las mesas de campeonatos nacionales,  ha dejado una marca indeleble en la historia deportiva y cultural.

La evolución del término “pool” es un ejemplo de cómo el lenguaje y la cultura se entrelazan, otorgando un significado más profundo al juego. El billar no solo se trata de golpear bolas con un taco, sino de estrategia, competencia y comunidad.

La travesía del billar a lo largo del tiempo y su capacidad para adaptarse a diferentes entornos culturales subrayan su universalidad y atractivo perdurable. Ya sea en un club exclusivo de Filadelfia o en una sala de billar de un pequeño pueblo, el sonido del taco golpeando la bola blanca sigue resonando como un eco eterno de habilidad y pasión.

El billar, con su historia colorida y su presencia continua en la sociedad, nos recuerda que algunos juegos son mucho más que simples pasatiempos; son testimonios vivos de la habilidad humana, la estrategia y la búsqueda eterna de la perfección en el juego. Así, el billar sigue siendo una fuente de inspiración y entretenimiento para aquellos que se aventuran en su mesa verde en busca de emociones, camaradería y, por supuesto, ese tiro perfecto.

Más Allá de los Límites de la Región Cuáquera: El Billar en Filadelfia

La historia del billar en Filadelfia va más allá de las líneas marcadas por la región cuáquera, revelando un relato fascinante que se entrelaza con la evolución social y cultural de la ciudad desde finales del siglo XVIII.

La referencia más antigua encontrada sobre el billar en Filadelfia data de 1793, un aviso de venta para la Black Bear Tavern en Southwark. Este aviso menciona un edificio contiguo destinado al juego de billar, sugiriendo que el billar no estaba confinado dentro de los límites de la región cuáquera, donde ciertos entretenimientos eran mal vistos.

A medida que avanzaba el siglo XIX, el billar se afianzó como una actividad popular en Filadelfia y otras ciudades importantes. Los salones de billar se convirtieron en lugares respetables que atraían a la clase media y alta. Sin embargo, la asociación del billar con el juego y otros vicios llevó a una distinción de clases en la forma en que la sociedad experimentaba el juego.

Los miembros más elitistas se retiraron de los salones de billar públicos y crearon salas de billar en sus hogares o disfrutaron del juego en clubes exclusivos para hombres. En contraste, el billar continuó siendo una actividad común entre los hombres de clase trabajadora, jugándose en tabernas, salones, clubes de trabajadores y YMCA.

El primer club de hombres en Filadelfia que ofreció billar a sus miembros fue el Philadelphia Club, que añadió una sala de billar en 1849. A lo largo de la Guerra Civil, el billar se mantuvo como una actividad popular, y líderes como Abraham Lincoln se autodenominaron “dependientes del billar”.

La Union League, un indicador de la popularidad del billar entre los líderes empresariales y civiles, refleja la evolución y declive del juego. Se construyeron anexos exclusivos para añadir mesas de billar, y la Union League fue sede de campeonatos nacionales y torneos anuales. Sin embargo, para 1954, el interés había disminuido tanto entre los miembros que se eliminaron todas las mesas de billar.

La historia del billar en Filadelfia trasciende las dimensiones de un simple juego de bolas y tacos. Es un testimonio del cambio social, las tendencias culturales y la intersección única de la recreación y la élite. La evolución del billar en Filadelfia refleja la dualidad de una actividad que, aunque compartida por diferentes estratos sociales, experimentó transformaciones significativas en su percepción y participación a lo largo del tiempo.

Impacto Cultural del Billar: Más Allá de las Bolas y los Tacos

El impacto cultural del billar en Filadelfia y en general va más allá de la acción física de golpear bolas en una mesa verde. Este juego ha sido un testigo silencioso de la evolución social, económica y recreativa de la ciudad, dejando su huella en clubes, salones y la memoria colectiva de sus habitantes.

La diversidad de lugares donde se practicaba el billar en Filadelfia, desde tabernas hasta exclusivos clubes, refleja su versatilidad como actividad de ocio. El hecho de que la elite y la clase trabajadora compartieran este espacio de juego ilustra cómo el billar pudo haber actuado como un igualador social, al menos en el contexto de las salas de billar.

Sede del Primer Campeonato

Sede del Primer Campeonato: Filadelfia en el Centro del Billar Estadounidense

El interés creciente en el billar entre la élite de Filadelfia y otras ciudades condujo al establecimiento de los primeros campeonatos de billar en Estados Unidos. En 1858, la ciudad fue sede del primer campeonato estadounidense informal, un hito que marcó el inicio de una era competitiva en el mundo del billar. El patrocinador y ganador de este campeonato, Michael Phelan, se ganó el título de “padre del billar americano”.

Michael Phelan no solo ganó campeonatos, sino que también dejó su huella como escritor y desarrollador de mesas de billar. Su contribución al juego trascendió las victorias personales, ya que promovió el billar a través de la organización de torneos y la publicación del primer libro estadounidense sobre billar. Además, compañías como Brunswick & Balke Co. de Chicago brindaron apoyo significativo a los torneos, contribuyendo a popularizar aún más el juego. Brunswick & Balke Co. se convirtió en el mayor fabricante de mesas de billar a nivel mundial, un testimonio de la creciente demanda y aprecio por el juego.

Las mesas  Brunswick, con su elaborada ornamentación y construcción robusta, se convirtieron en elementos destacados en clubes masculinos, llegando a ser tan emblemáticas que un modelo llevó el nombre de “Union League”. Esta asociación entre  los clubes exclusivos para hombres refleja la dualidad del juego, que no solo se arraigó en la cultura popular, sino que también se integró en los espacios sociales de la élite.

Paralelamente al desarrollo  en círculos exclusivos y campeonatos profesionales, el juego continuó siendo una actividad cotidiana entre la clase trabajadora. Las tabernas y salones de vecindario se convirtieron en lugares populares donde los hombres solteros de diversas comunidades podían socializar, demostrar sus habilidades y, ocasionalmente, ganar dinero a través de apuestas.

En las comunidades de inmigrantes irlandeses e italianos, así como entre la comunidad negra, el billar se arraigó como una actividad social y recreativa esencial. Las mesas se volvieron tan fundamentales para el éxito de una taberna que, en la década de 1920, eran un componente esencial de estos establecimientos.

A pesar de la segregación y las limitaciones impuestas a los jugadores negros en torneos oficiales, la comunidad negra de Filadelfia abrazó el billar. WEB Dubois abogó por el juego como una actividad respetable, y los YMCA de la comunidad negra incorporaron mesas en sus instalaciones. Aunque la Asociación de Jugadores de Billar de Colores, creada en 1914, tiene poca documentación, su existencia demuestra la determinación de superar barreras y participar plenamente en la cultura del billar.

En resumen, Filadelfia, con su papel como sede del primer campeonato y su rica diversidad cultural, se destaca como un epicentro clave en la historia del billar estadounidense. Desde la élite hasta la clase trabajadora, unió a comunidades diversas a través de una mesa verde y bolas numeradas, dejando un legado cultural que va más allá de la simple competencia deportiva.

Players de billar

Figuras Destacadas : Willie Hoppe, Ralph Greenleaf, Willie Mosconi y Chick Davis

Desde la década de 1880 hasta la de 1930, el billar experimentó una evolución significativa en sus formas de juego, y destacados jugadores marcaron la historia de este deporte. Una variante popular en ese período fue el carambola, jugado con tres o cuatro bolas de marfil en una mesa sin troneras. Willie Hoppe, originario de Nueva York, se erige como el más destacado billarista de carambola de todos los tiempos, con 51 títulos de campeonato entre 1906 y 1952.

Ralph Greenleaf, conocido como el tercer mejor jugador de todos los tiempos, fue una celebridad real en su época. Dominó el juego desde 1919 hasta 1937, ganando 20 torneos. Su fama trascendió el ámbito deportivo, ya que se casó con la princesa Nai Tai, estrella de vodevil, y juntos participaron en exhibiciones por toda Filadelfia.

El carambola evolucionó con el tiempo al adoptar bolas sintéticas en la década de 1880, permitiendo el cambio a un juego con quince bolas en una mesa con seis troneras. Surgió así la forma de campeonato conocida como “billar directo”. Willie Mosconi, oriundo de Filadelfia, se convirtió en el máximo exponente de esta modalidad, ganando quince campeonatos sucesivos entre 1941 y 1957. Mosconi dejó un legado insuperable al embocar 526 bolas de manera continua sin fallos, récord documentado en 1954.

Bajo el patrocinio de Brunswick, Willie Mosconi desempeñó un papel clave en popularizar el “billar de bolsillo”. Su asesoramiento técnico en la película “El estafador” (1961) aumentó aún más la visibilidad del billar en los Estados Unidos. Aunque fue dueño de un salón en la sección Logan de Filadelfia, Mosconi rara vez jugaba allí, dedicándose a promover y enseñar su pasión por el juego en todo el país.

Edward “Chick” Davis, un jugador negro de Filadelfia, contribuyó a derribar barreras raciales en el mundo. Aprendió a jugar en el Christian Street YMCA, el primer YMCA negro en Filadelfia, y más tarde abrió salones  que acogían a jugadores sin importar su raza o género. Enfrentando la discriminación mientras recorría el país, Davis se convirtió en una figura respetada y es conmemorado en un mural en las calles Broad y Bainbridge, junto a Willie Mosconi.

Estas figuras destacadas, cada una en su especialidad, contribuyeron a dar forma y promover en Filadelfia y más allá. Desde la maestría técnica hasta la valentía de romper barreras, su legado perdura, dejando una huella indeleble en la rica historia del billar estadounidense.

Billar (piscina)

Sitios para jugar

Sitios Emblemáticos para Jugar en Filadelfia

En la década de 1930, el billar florecía en Filadelfia, contando con varios salones  repartidos por la ciudad. Aunque el directorio de la ciudad de 1920 mostraba 230 establecimientos bajo la categoría de billar y billar de bolsillo, destacaban ciertos lugares icónicos que se ganaron su lugar en la historia en Filadelfia.

Allinger’s: La Cuna del Billar Uno de los salones más famosos fue Allinger’s, establecido alrededor de 1889 y ubicado en las calles Thirteenth y Market desde 1911 hasta 1971. Con tres pisos y más de 100 mesas, Allinger’s era un epicentro . Incluso tenía un área acristalada para que los mejores jugadores pudieran ser admirados sin distracciones. Las “chicas del estante” estaban presentes para colocar las bolas, añadiendo un toque peculiar al ambiente. Allinger’s fue el escenario donde los campeones nacionales dejaron su huella.

Otros Salones Destacados:

  • Frankie Mason’s: Situado en las calles Diecisiete y Sur.
  • Harry Robbin’s: Ubicado en las calles Quince y Market.
  • Fox: Localizado en las calles Dieciséis y Market.
  • Cue and Cushion: En las calles Fifteenth y Walnut.
  • Newby’s: En las calles Eleventh y Chestnut, propiedad de Earl Newby, un ex-detective de la policía de Filadelfia.

Longo’s Society Hill Billiards: Un Espacio de Reputación Inaugurado en las calles Quinta y Sur en 1932, Longo’s Society Hill Billiards rivalizaba con Allinger’s en prominencia. Dirigido por Phil y Mamie Longo, ambos excelentes jugadores, atrajo a campeones nacionales y a figuras locales destacadas como George Kelly, Angel Bruno y Frank Rizzo. Este salón de billar fue testigo de momentos memorables, como el torneo regional ganado por Willie Mosconi en 1933, que lo clasificó para el campeonato mundial.

Declive del Billar en Filadelfia: Phil Longo, en una entrevista en 1974, lamentó el declive del billar en la ciudad. Afirmó que de las 200 salas  existentes en la década de 1930, solo quedaban 70. Este declive continuó, y en 2013, Tacony Billiards, el último salón verdadero, cerró sus puertas.

Legado en los Suburbios: A pesar de la disminución en Filadelfia, algunos salones  habituales persisten en los suburbios. Ejemplos notables incluyen Drexeline Billiards en Drexel Hill, iniciado por Bob Maidof, y Fusco’s The Spot en Trevose, propiedad de Pete Fusco, primo de Jimmy Fusco, apodado “el Flash de Filadelfia”, considerado entre los grandes jugadores de solo una bolsillo.

El legado en Filadelfia, forjado en estos sitios emblemáticos, perdura en la memoria de aquellos que vivieron la época dorada de este apasionante deporte en la ciudad. Aunque las salas han menguado, su influencia sigue viva en la rica historia de Filadelfia.

Billar (piscina)

Billar en el cine

En el Cine y su Evolución en Filadelfia

La relación entre el billar y el cine ha sido una fuerza impulsora en la popularización de este deporte. La película “El estafador” (1961), protagonizada por Paul Newman, generó un aumento significativo en el interés público . Este reconocimiento se vio respaldado por la introducción de mesas que funcionaban con monedas en la década de 1960, creando un auge temporal en la atracción por este juego.

La forma tradicional , conocida como bola 8 y que se popularizó alrededor de 1900, experimentó un resurgimiento en la década de 1950. Este renacer se atribuye en parte a la distribución de 15,000 mesas de billar por parte del ejército en la década de 1940. La película “El color del dinero” (1986), protagonizada por Paul Newman y Tom Cruise, impulsó las salas de billar de lujo, mientras que el billar de bar continuó siendo la forma más común y predominante del juego.

Aunque estas películas contribuyeron al resurgimiento del interés en el billar, la asociación histórica con el juego y los lugares de encuentro juvenil le otorgó al pool una reputación cuestionable. Esta percepción se reflejó incluso en la música, como en la canción “Disponemos problemas” del musical “El hombre de la música” (1957), que satirizaba los peligros percibidos del juego .

Esta imagen negativa llevó a restricciones en la ubicación de las salas según las leyes de zonificación. En Filadelfia, incluso en 2015, el código de zonificación clasificaba las salas  con múltiples mesas en la misma categoría que las librerías y salas de cine para adultos, excluyéndolas de ciertas ubicaciones residenciales.

No obstante, a pesar de estos desafíos, el interés  se ha mantenido. La Asociación Estadounidense de Jugadores , fundada en 1979, ha crecido significativamente y cuenta con miles de miembros en los Estados Unidos, Canadá y Japón. El capítulo de Filadelfia, establecido en 1990, refleja la continua atracción del billar en la región, con 1500 miembros participando en más de 175 equipos en bares de toda el área de Filadelfia en 2015.

En este contexto, Juan Andrés, un ávido jugador y miembro de la American Poolplayers Association en Filadelfia, ha sido testigo y partícipe del continuo atractivo en el siglo XXI. Su participación en torneos locales e internacionales demuestra la persistencia de esta apasionante actividad en la vida contemporánea.

Juan Andrés: Un Jugador Apasionado y Defensor Juan Andrés, miembro activo de la American Poolplayers Association en Filadelfia, no solo disfruta del juego, sino que también ha contribuido a su desarrollo en la región. Su participación en equipos de la APA y su presencia en torneos en Las Vegas, Chicago, Cleveland y Colonia, Alemania, resaltan su compromiso y pasión . Además de su destreza en el juego, Juan Andrés ha desempeñado roles destacados en la comunidad, sirviendo como director de la Oficina de Vivienda y Avance Comunitario y director ejecutivo de Preservation Alliance for Greater Philadelphia de 2002 a 2013.

Además de su contribución a la preservación del patrimonio arquitectónico de Filadelfia, Juan Andrés ha sido autor de varias guías sobre la arquitectura de la ciudad. Su obra “Arquitectura de Filadelfia, una guía de la región” (Tercera edición, 2009) destaca su compromiso con la comprensión y promoción del rico patrimonio arquitectónico de Filadelfia. Su información actualizada al momento de la publicación subraya su continua influencia en la comunidad y su conexión duradera.

En conclusión, el cine, la cultura popular y figuras como Juan Andrés han contribuido a dar forma y mantener viva la llama del interés por en Filadelfia. A pesar de los desafíos y estigmas históricos,  ha perdurado como un deporte apasionante que une a comunidades y genera un sentido duradero de camaradería y competencia.